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16/6/15

AyD: El silencio de la escritura y los clásicos

(fuente)
¿Cuántas veces he escuchado a alguien decir «este libro es un rollo» mientras se refería a un clásico? Y eso no es todo: «es aburrido porque está repleto de descripciones, de cosas que no son necesarias, de diálogos complicados, de personajes cuyo comportamiento no me gusta...». Pero es que, nos guste o no, no podemos acercarnos a un clásico del mismo modo en el que nos acercamos a una obra contemporánea.

No pretendo escribir una guía de «Cómo leer un clásico», pero sí me apetecía hablar sobre el tema y cómo ha cambiado mi percepción a lo largo de la carrera. Y es que soy la primera que reconoce que los clásicos le daban respeto y un poco de miedo. Sin ir más lejos, la primera autora a la que me tuve que enfrentar en Filología Inglesa fue nada más y nada menos que Virginia Woolf. Pero gracias a una profesora magnífica y a ir entendiendo poco a poco las diferentes caras de la literatura según la época, pude acabar disfrutando de los clásicos como una niña pequeña.

Una característica de los clásicos es la distancia temporal con el lector actual. No puedes leer de la misma manera a Hemingway que a Shakespeare, ya que en el segundo el silencio será mucho mayor y necesitarás llenarlo con una buena edición crítica, notas e información sobre la época y el lenguaje. No sería justo, por lo tanto, juzgar una obra de Shakespeare sin intentar llenar ese silencio creado por los siglos de diferencia; no sería justo decir «Hamlet es una mala obra porque no he entendido nada» cuando no te has esforzado en entenderla, teniendo siempre en cuenta que cuanta más distancia haya, mayor deberá ser el esfuerzo por parte del lector.

Esto no ocurre con las obras contemporáneas, al menos no con la gran mayoría. El lector y la obra comparten contexto social y temporal, lo cual hace que el silencio sea prácticamente inexistente. Si se lee, por ejemplo, una novela realista española del XIX, no se puede criticar que esté repleta de descripciones o que el autor o autora dedique todo un capítulo a explicar cómo son las pirámides de Egipto porque, claro, «todo el mundo sabe cómo son». Hay que tener en cuenta que en la época la literatura, las novelas, eran una manera de conocer mundo, y prácticamente ningún lector había viajado a Egipto y mucho menos tenían Internet o televisión para saber cómo eran las pirámides. Esto es simplemente un ejemplo para intentar explicar que no se puede juzgar una obra simplemente desde nuestro tiempo; hay que intentar entender el por qué de todo lo que hay en ella.

A pesar de todo esto, también opino que se pueden hacer lecturas actuales de clásicos. Por ejemplo, puede estudiarse una obra de Shakespeare desde el punto de vista feminista, a pesar de que en la época no existiera el movimiento como tal. Todo depende de cómo quiera el lector acercarse a la obra, pero, en mi opinión, no se puede juzgar un clásico sin tener en cuenta la distancia de la que os hablo o sin hacer un mínimo esfuerzo para minimizar esa distancia todo lo posible para poder disfrutar de la obra todo lo que se pueda. Porque, y esto lo digo con toda la sinceridad del mundo, es una pena perderse, por ejemplo, el humor del Quijote porque no se ha hecho un mínimo esfuerzo el leer las notas para entender las referencias al humor de la época, o no leer un mínimo de introducción antes de leer The Great Gatsby para poder entender todo el simbolismo y las referencias maravillosas que hay en él.

Pero como al final todo se resume en que cada uno lee lo que quiere y como quiere, esto no ha pretendido ser una guía de nada. Simplemente me apetecía dar mi opinión y volver a abrir la sección Aventuras y desventuras de una filóloga en proceso (de ahí el AyD del título) después de tanto tiempo. Espero que os haya resultado interesante y que, si os apetece, me dejéis vuestra opinión al respecto.

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9/5/15

Lectora de transporte público

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Siempre he sido una llorona. Supongo que se debe a mi exagerada empatía o simplemente a que soy una sensiblona. Recuerdo perfectamente la primera que lloré con un libro. Y me refiero a llorar de verdad, a lágrima viva, no unas lagrimitas de nada. Fue con ¿Hay alguien ahí fuera?, de Marian Keyes. Recuerdo que era verano, y que estaba tumbada en la cama en casa de mis padres, sumergida en la lectura de una manera brutal, tanto que me sentía allí, sentada en aquel sofá en Nueva York con la protagonista mientras la historia llegaba a su fin. Creo que desde aquel momento no he dejado de llorar con los libros, y no es algo que pueda controlar, así que tampoco me quejo.

Hace dos años, más o menos, estaba leyendo un libro, y mientras lo hacía supe, casi desde el principio, que se convertiría en uno de mis favoritos. Estaba llegando al momento clave, a ese momento en el que todo cambia, a lo alto de la montaña rusa antes de caer. Pero era demasiado tarde y se me cerraban los ojos, así que decidí irme a dormir y terminarlo al día siguiente. En cuanto me desperté, sin salir siquiera de la cama, me estiré un poco, cogí el libro y seguí por donde me había quedado. Pasó más o menos una hora, y ya podía escuchar a mis padres en la cocina haciendo el desayuno. Creo que ni siquiera se habían dado cuenta de que estaba despierta. Pero entonces pasó: llegué a lo alto de la montaña rusa y empecé a caer, y una vez empecé a llorar no pude parar. Ni siquiera era el final del libro, pero me dolía tanto el corazón que de lo fuerte que lloraba me costaba respirar. Mi padre, asustado, vino corriendo al escucharme llorar con aquella desesperación. Quiso matarme al ver que solo era un libro, porque el susto no había sido pequeño. Pocas veces he vuelto a llorar delante de alguien por un libro. Prefiero que siga siendo algo privado, entre las páginas y yo.

Desde que empecé la universidad, tengo una relación de amor profundo con el transporte público. Al principio era un suplicio: hora y media de ida y lo mismo de vuelta, rodeada de desconocidos en un vagón que se mueve demasiado y en que siempre hace demasiado calor o demasiado frío. Pero las cosas cambian, y descubrí que esas tres horas al día podían ser solo mías, una especie de no-tiempo en el que estaba prohibido estudiar, preocuparme o pensar en todo lo que tenía por hacer; podía ser mi tiempo de lectura, de leer lo que yo quisiera, de desconectar del mundo.

Hace unas semanas, volvía muy temprano de casa de mis padres en el tren, con el mar gris a la izquierda y una señora que olía muy bien a la derecha. Y entonces pasó. Leí las últimas páginas de un libro y todo hizo click, y no pude aguantarlo. En otro momento, hace tiempo, hubiera aguantado las ganas de llorar, pero ya me daba igual; el tren es mi segunda casa y si en aquel momento me emocioné tanto que necesitaba llorar, lloré. La señora esperó a que cerrara el libro, sacó un pañuelo de su bolso enorme y me lo tendió. Me dijo, con un catalán muy dulce: "aquí tienes, bonita. Debe de ser un libro muy bonito para que llores y sonrías a la vez".

¿Y sabéis qué es lo mejor de todo? Que no fue ficción.

Los libros son maravillosas, sí, pero las personas lo son mucho más.

27/8/13

Let's Talk #11: Mis hábitos como lectora

Let's Talk es una sección semanal que nació en el blog I swim for oceans. Su administradora, basándose en un tema por semana, lanza una pregunta para que nosotros y ella misma la respondamos. ¡Es un debate! Puede apuntarse quien quiera, pero siempre dando créditos. Aquí, en Palabras como souvenir, he decidido dejar el mismo título de sección por respeto al original.


¿Cómo describirías tus hábitos como lector/a?

No tengo muchas manías a la hora de escoger mi próxima lectura ni a la hora de leer, pero sí es verdad que hay varias cosas que suelo repetir y que ya se han convertido en hábitos. Son pequeños detalles, no gran cosa, pero han ido apareciendo a lo largo de los años que llevo siendo una lectora regular (¿eso existe?) y se han asentado como hábitos. Allá van algunos de ellos.

(Esquinita doblada en TFIOS. Después la subrayé)
Empecemos por el principio. ¿En qué me baso para escoger mis lecturas? Pues, simple y llanamente, en mi intuición. Suelo tener una especie de flechazo con algunos libros (muchos de ellos se han convertido en grandes lecturas, así que para algo funciona), y otros simplemente esperan y esperan en mi wishlist hasta que parece ser el momento oportuno. Últimamente, más que leer los libros recomendados en otros blogs, lo que hago es entrar en Booky y, simplemente, chafardear. Voy de un sitio para otro, buscando portadas, títulos o sinopsis que me llamen la atención. Cuando alguno me apetece muchísimo y estoy casi segura de que me va a gustar (y me lo puedo permitir), lo compro. Lo mismo me ocurre con los libros en español cuando voy a una librería. Nunca compraré o pediré un libro a una editorial (aunque casi he olvidado cómo se hace, si os soy sincera) si no estoy casi segura de que me va a gustar. Eso de "a ver qué tal" no va conmigo. No suelo fallar, así que en eso no tengo queja. Es bueno conocerse a uno mismo como lector.

¿Y una vez he empezado un libro? Cosas como las que (supongo) hacemos todos: si es tapa dura con sobrecubierta, se la quito para leerlo; uso punto de libro para saber por qué página voy; intento que las tapas blandas no se estropeen mucho, aunque tampoco me vuelvo loca protegiéndolas. Cosas, ya sabéis.

Aunque después hago cosas que no todo el mundo entiende, como el tema de las "esquinitas dobladas". Es algo que hago desde hace muchos años y lo seguiré haciendo por los siglos de los siglos porque forma parte de mi manera de leer. Si hay una página en la que he leído una frase, diálogo o párrafo entero que me haya gustado en especial, doblo la esquinita superior de dicha página. El libro no se deforma ni pasa a parecer destrozado y pisoteado, ¡¿os lo podéis creer?! Porque son sólo esquinitas dobladas. Só-lo. Y a mí me gusta, así que seguiré haciéndolo.

(Ejemplo de subrayar y corazón-cursi porque E&P son amor)
Y también está el tema de subrayar. No lo hago siempre, pero sí es verdad que a veces empiezo un libro y es tan especial desde el principio que siento la necesidad de subrayar frases o párrafos enteros, e incluso a veces dejo notas en el margen o, en un momento madre-mía-tengo-12-años-y-soy-una-niña-cursi, pinto corazones. Podéis juzgarme. Os doy permiso.

Otro tema del que siempre me da vergüenza hablar pero que siempre he reconocido es que, como buena drama-queen que soy, me gusta leer los libros en voz alta. Tengo que estar sola (no estoy tan loca como para leer en voz alta con gente delante) y no siempre lo hago, pero hay veces en las que me gusta hacerlo. Decir en voz alta los diálogos me ayuda a meterme mejor en la historia y, por qué no, también sirve para practicar la pronunciación en inglés cuando el libro lo permite. El que no practica es porque no quiere.

Por último quería hablar sobre qué ocurre cuando un libro no me gusta. A pesar de que no suele ser el caso (ya he dicho que tengo tanta suerte en mis lecturas porque me lo pienso mucho antes de empezarlas), me he encontrado con varios casos. ¿Y qué hago? Pues lo cierro y lo vuelvo a dejar en la estantería. ¿Para qué perder tiempo leyendo y esperar "a ver si mejora" pudiendo empezar otra cosa? ¿Por qué obligarme a mí misma a leer algo que no estoy disfrutando? Yo soy de las que abandona si no le gusta., y por eso (¡sí, es por eso, no porque no tenga criterio y dé tantos 5/5 así porque sí!) por lo que casi no encontraréis reseñas negativas en el blog. Cosas que pasan en esta vida.

Y vosotros, ¿qué hábitos os describen? ¿Coincidimos en alguno? ¿Tenéis alguno inconfesable? ¡Es el momento de dejármelo saber! LET'S TALK!

19/4/13

Sí, doblo las esquinitas

Me gusta doblar la esquinita superior de una página cuando ésta contiene una frase, párrafo o situación que me haya gustado. Me gusta subrayar las frases que me llegan al alma o me hace reír, aunque esto sólo lo hago en los libros muy especiales. Me gusta abrir bien los libros para poder leerlos de manera cómoda, aunque eso signifique que el lomo quede doblado.

Me gusta acabar un libro, cerrarlo y que se vea leído. ¿No os habéis fijado en que cuando acabas de leer un libro se ve como más grande? Más lleno. Ocupa más. Me gusta pensar que es porque he dejado un poco de mí en su interior y por eso es físicamente imposible que ocupe lo mismo que antes de leerlo. Porque, y ahora en serio, ¿qué gracia tiene cuidar tanto un libro que al terminarlo esté exactamente igual que antes de leerlo? Puedo entender que os guste cuidar los libros, ¿pero que queden igual? ¿Leerlos casi sin abrirlos para que el lomo no se doble? ¿Por qué?

Supongo que eso va con la persona, pero a mí me gusta manosearlos, doblar las esquinitas y subrayarlos. Porque son míos y se tiene que notar. Si no, ¿qué sentido tiene?

11/3/13

Let's Talk #10: Ojalá hubiera leído en el instituto...

Let's Talk es una sección semanal que nació en el blog I swim for oceans. Su administradora, basándose en un tema por semana, lanza una pregunta para que nosotros y ella misma la respondamos. ¡Es un debate! Puede apuntarse quien quiera, pero siempre dando créditos. Aquí, en Palabras como souvenir, he decidido dejar el mismo título de sección por respeto al original.


¿Qué libros me hubiera gustado leer como lecturas de clase en el instituto?

It is a truth universally acknowledged que las lecturas obligatorias que nos hacen leer en el instituto distan mucho de ser recordadas como entretenidas en el futuro. No todas ellas, por supuesto, pero la mayoría son aburridas y su lectura se hace pesada. Aunque claro, ¿qué esperamos de la cultura de un país en la que se tiene que obligar a los niños y adolescentes a leer?

La gran mayoría de títulos que nos hacen leer en primaria y secundaria han sido escritos precisamente con ese propósito: casi ninguno de ellos se lee fuera de las paredes del colegio y seguramente ni siquiera recordamos el nombre del protagonista o incluso su argumento pasados unos meses. Son novelas simples que casi siempre tratan sobre los mismos temas. No están hechos para ser recordados por quienes los leen.

Tuve la suerte de tener una asignatura en primaria en la que lo único que hacíamos era leer. No había exámenes y la profesora no quería hacernos llegar ningún mensaje; quería, simplemente, que empezáramos a disfrutar de la lectura. ¿Y cómo lo hizo? ¿Acaso escogió una novela insustancial sobre algún niño al que le ocurre cualquier tontería que haga al lector reír para después olvidar el libro al día siguiente? No. Escogió Charlie y la fábrica de chocolate. Leíamos en clase, en voz alta y a veces nos llevaba a la biblioteca del colegio. Al terminar la lectura, estábamos tan entusiasmados con la historia que nos trajo la película (Un mundo de fantasía, la única adaptación que debería existir, por cierto) para verla en clase. Ahí empecé a leer y a ver los libros como algo más que una obligación.

Después en el instituto no tuve tanta suerte. Libros sobre chicas que toman drogas y se quedan en coma —nuncatoméisdrogasomiraloquepasará—, niños que se ven obligados a luchar en una guerra —ohquétristeperoquérollazodelibro— o las famosas lecturas de clase de Lengua, como El quijote o Amor y pedagogía. A ver, un momento. ¿Qué? ¿De verdad creen que un chico o chica de 14 años va a empezar a leer voluntariamente después de leer Amor y pedagogía? No quiero decir que no sea una novela importante e interesante, que lo es, pero hay que tener en cuenta un factor muy importante: el-lector-tiene-catorce-años. Por supuesto que lo va a aborrecer y empezará a asociar la lectura como algo obligatorio, aburrido y casi imposible.

Incluso yo, que por aquel entonces me pasaba las tardes sumergida en los libros de Marianne Curley o Roald Dahl, odiaba aquellas lecturas. No porque fueran malas, sino porque no era el momento de leerlas. Por eso mismo toda mi clase se entusiasmó cuando una profesora nos hizo leer Momo y lo disfrutamos de principio a fin, o cuando en segundo de bachillerato se nos podía ver en la cafetería de la calle del colegio sumergidos en Mirall Trencat o muertos de la risa con Eloísa está debajo de un almendro. Son grandes obras, se disfrutan y nos enseñan cosas. ¿Por qué? Porque era el momento de leerlas. Estoy completamente segura de que si me hubieran hecho leer Mirall Trencat en los dos primeros cursos de la ESO lo hubiera tirado por la ventana.

Lo malo empieza cuando en los colegios se pretende que los alumnos lean clásicos de nuestra literatura cuando son jóvenes, como si por el simple hecho de ser clásicos e importantes los lectores tuvieran que disfrutarlos. Esto en Estados Unidos, por ejemplo, no suele pasar. La diferencia clara —creo yo— es que entre sus clásicos podemos encontrar novelas juveniles o que pueden ser leídas perfectamente por lectores jóvenes. Estamos acostumbrados a ver en las películas —o leer en novelas— que en clase de Literatura en el instituto tienen como lectura obligatoria Matar a un ruiseñor, El guardián entre el centeno o grandes novelas de aventuras. Nosotros tenemos El Quijote. Y aunque sea divertida y quizás la obra más importante en nuestra literatura, no se puede pretender que un alumno de secundaria disfrute de su lectura, porque no es el momento.

Así que, ¿qué libros me hubiera gustado que me hicieran leer en el instituto como lectura obligatoria? Cuando los árboles hablen (Speak), por ejemplo, hubiera sido una elección perfecta. Escrito de manera brillante y clara, sin grandes giros argumentales que puedan distraer a un lector joven que no está acostumbrado a las novelas. El mensaje es claro y cala hondo, y habría sido una buena lectura de instituto, sin duda alguna. Otra opción clara sería cualquier libro de Marianne Curley. Aunque quizás esto nunca ocurra porque son libros de aventuras y viajes en el tiempo, pero estoy segura de que si a una clase de chicos y chicas de catorce años les haces leer El círculo de fuego, en cuanto lo terminen irán corriendo al profesor a pedirle más libros parecidos. Otros títulos que incluiría en el programa de lecturas serían La historia interminable, La isla del tesoro o incluso los libros de Harry Potter, porque si lo importante es que los niños aprendan a amar la lectura y lo hagan mientras leen literatura de calidad, hay mucho donde escoger.

¿Y a vosotros, qué libros os hubiera gustado tener 
como obligatorios en el instituto? Let's talk! :D

8/7/12

Cuando el respeto hacia los gustos de los demás desaparece, y esto parece no importar

No es un secreto que me gusta Crepúsculo. Los libros y sí, también las películas. Desde que leí el primer libro hasta que vi Amanecer Parte 1. Y, madre mía, cómo cambian las cosas. Antes de empezar, quiero dejar claro que la entrada no va sobre Crepúsculo, sino más bien sobre todo este fenómeno de cambio de gustos, de mis gustos son superiores a los tuyos y de odiar cosas que tanto se está poniendo de moda. Porque, puf, me pongo de los nervios.

Me voy a basar en los ejemplos, para que sea todo más fácil de entender. Primero con Crepúsculo, después con lo absurdo de Crepúsculo VS. Los Juegos del Hambre (o lo que es lo mismo, LJDH es MIL VECES MEJOR que Crepúsculo y blablabla) y ya después, para terminar, hablaré del fenómeno hater que me hace transformarme en hater, y así empieza un enorme bucle sin fin.

A ver, empecemos. Crepúsculo ha sido, es y será un gran fenómeno que cambió (y esto no lo puede negar nadie) el curso de la Literatura Juvenil hasta que ésta se ha convertido en lo que tenemos hoy en día. Muchos de nosotros empezamos a leer de nuevo gracias a esta saga y la seguimos leyendo de vez en cuando. Lo malo empieza cuando aparecen muchas de esas personas que antes disfrutaban con la saga y ahora, de golpe y porrazo, la aborrecen. No es que digan "ha dejado de gustarme" (lo cual puedo entender, porque los gustos cambian con el tiempo), no, es que directamente la entierran en insultos y mofas sin ningún tipo de fundamento. Puede no gustarte Bella, puede que no te gusten los libros, pero todo esto pierde sentido cuando hace apenas dos años eras uno de los seguidores de los libros y ahora te las das de intelectual diciendo que la saga es lo peor del mundo. Respeto, señores. Sólo pido un poco de respeto.

Sé que está sonando como una defensa a capa y espada de la saga, pero no es eso lo que quiero decir. A lo que me refiero es a que mucha gente piensa que diciendo que no les gusta Crepúsculo ya son superiores a los que siguen fieles a sus pensamientos. Yo nunca diré que no me gusta Crepúsculo sólo porque ya no mola, porque no soy así. 

Es por todas estas las razones por las que no entiendo todo este rollo de "LJDH es mil veces mejor que Crepúsculo". A ver, queridos míos, ¿cómo puedes comparar dos sagas que no tienen nada que ver? Son de géneros diferentes y están dirigidas a públicos diferentes. Por lo tanto, no se puede, y repito, NO SE PUEDE decir que una es mejor que otra, y mucho menos si te estás basando en tus gustos personales, porque precisamente éstos son lo menos objetivo del mundo. Y quiero dejar bien claro que soy seguidora de las dos sagas y que ambas las disfruté por igual. No estoy defendiendo una y atacando a la otra, ni mucho menos. Sólo quiero decirles algo a todas las personas que utilizan este argumento para defender a LJDH: la saga de Suzanne Collins es tan buena por sí sola que no necesita que la comparéis con otra saga que está perdiendo popularidad para ser mejor; al contrario, os estáis haciendo un flaco favor a vosotros mismos como fans. Defended sus virtudes y las cosas que la hacen diferente, pero no hace falta insultar a otros fans y a sus gustos para hacer ver que los vuestros son mejores porque, como ya he dicho, los gustos son algo personal y no sirven como argumento objetivo.

Todo esto me lleva al fenómeno hater que tanto se está poniendo de moda. Por favor, dejad que cada uno lea, vea y escuche lo que quiera. No somos expertos en nada y no tenemos la experiencia necesaria para calificar algo de "bueno" o "malo", porque vuelvo a decir que nos basamos en los gustos personales y éstos, a la hora de exponer argumentos que intentan ser objetivos, no sirven para nada. Por lo que veo, mucha gente defiende que lo que les gusta es bueno, y lo que no es malo. Y punto. Confunden gusto con calidad y éste es el fallo más grande que puede cometer una persona que se dedica a hablar sobre cultura. Hay que saber separar lo que te gusta de lo que puede o no gustar a los demás.

Porque, a ver, ¿qué es eso de "soy más fan que tú porque leí el libro antes de la película? ¿En serio? ¿EN SERIO? No entiendo estos grupos de seguidores que quieren cerrarse y ser "fans de verdad". ¿Pero os estáis escuchando? ¿Por qué una chica de quince años que fue a ver la película de LJDH por Josh y después leyó los libros y le gustaron es menos fan que vosotros? ¿No tendríais que alegraros de que, gracias a la película, la saga de libros ha ganado popularidad y por ello se organizan más eventos y traen más productos a nuestro país?

Todo esto se basa en la exclusividad. Cuando algo te gusta y lo conoce poca gente, te sientes importante. En cuanto ese "algo" se hace popular y empieza a aparecer en todas partes, te molestas con los nuevos seguidores y acabas despreciando eso que tanto te gustaba sólo porque ahora está incluso bajo las piedras. Pero si lo piensas bien, ¿no sigue siendo exactamente lo mismo? ¿No sigue siendo la misma serie de televisión, el mismo grupo de música o el mismo libro que tanto te gustó en su momento? ¿Vas a cambiar tus gustos sólo porque ahora hay mucha más gente que lo comparte? ¿No es eso algo bueno?

En definitiva, tendríamos que preocuparnos más de disfrutar de lo que nos gusta, sin tener tanto en cuenta qué opinan los demás. Si algo te gusta, hazlo. Si algo no te gusta, no te metas con los que sí, porque eso es ser irrespetuoso. Y si algo bueno tiene la cultura es que tiene cosas que ofrecer para todos los gustos, así que respeta las decisiones de los demás. Si quieren escuchar a Justin Bieber, que lo hagan. Si quieren leer Crepúsculo, no tienes por qué criticarlo. Si quieren ver la película de LJDH por los chicos guapos, no te metas con ellas y alégrate de la buena taquilla que va a conseguir, porque será eso lo que haga que la segunda parte llegue a nuestras pantallas. Respeta, consume la cultura que quieras y deja de odiar y de meterte con los gustos de los demás, porque para gustos, los colores.


PD: Este artículo -si es que puede calificarse de esa manera- no ha sido escrito para ofender a nadie. Es, simplemente, una manera de desahogarme y de exponer mi opinión sobre el asunto. Ya que es mi blog y en él puedo escribir lo que quiera de la manera que quiera, igualmente pido respeto en los comentarios (podéis dar vuestra opinión, pero siempre desde el respeto y sin querer imponer vuestro punto de vista, que es algo que ocurre muy a menudo).

25/6/12

Let's Talk #4: e-books vs. libros en papel

Let's Talk es una sección semanal que nació en el blog I swim for oceans. Su administradora, basándose en un tema por semana, lanza una pregunta para que nosotros y ella misma la respondamos. ¡Es un debate! Puede apuntarse quien quiera, pero siempre dando créditos. Aquí, en Palabras como souvenir, he decidido dejar el mismo título de sección por respeto al original y seguiré el orden de temas de la autora.

Pregunta: ¿Prefieres los libros en tus estanterías o en formato digital, y por qué?

Intentaré ser breve y concisa en este Let's Talk, porque no quiero extenderme demasiado y acabar liándome a mí misma con mis propios argumentos. Así que simplemente os diré mi opinión -basada en mi experiencia- y vosotros podréis darme vuestra propia opinión. Sólo espero que no juzguéis mis argumentos, porque de verdad que éste es un tema un poco complicado para mí.

Antes de empezar, voy a responder a la pregunta. Me quedo con los libros en papel, en formato físico, a los que pueda manosear, doblar páginas para marcar mis partes preferidas y que ocupen un lugar descomunal en mis estanterías o en mi bolso. Intenté leer un libro en formato digital y dejadme que os diga que fue una experiencia un poco fría. No tenía la sensación de estar leyendo un libro. Sí, sé que lo que importa es la historia y no el formato, pero es un tema que para mí es importante.

¿Que los E-Books tienen ventajas? Por supuesto que las tienen. Es más cómodo (no tienes que llevar el libro encima y, por supuesto, te ahorras espacio) y barato. Sí, lo sé. Pero sigue sin gustarme. Para mí leer un libro no es sólo ponerme delante de las letras y palabras y leer. No, para mí todo empieza en la librería, donde suelo pasar horas y horas entre sus estantes, buscando portadas que me llamen la atención, títulos que hagan que quiera zamparme el libro allí mismo o simplemente acariciando los lomos de aquellas historias escondidas entre dos solapas. Para mí es mucho más, y todo eso se pierde en el momento en el que metes un libro en un lector electrónico. Lo siento, pero no.

Además, no me negaréis que desde la llegada de los E-Books la piratería es algo muchísimo más fácil de llevar a cabo. No me malinterpretéis, soy la primera que se queja de los precios excesivos que las editoriales españolas se empeñan en poner a los libros actualmente, pero hay otras maneras. Leer las versiones originales suele ser muchísimo más barato, pero si no sabes inglés siempre queda la opción de comprar el E-Book. Pero claro, descargarlo gratis es más fácil, y ahí empieza todo. Así empezó en la música y así empezó en el cine. Y es algo triste, muy triste, tanto para los productores de cultura como para sus consumidores.

Así que... Me quedo con el libro de toda la vida, con sus hojas que se van poniendo amarillas con los años y que puedes prestar a cualquier amigo o conocido bajo el grito de ¡como lo dobles te mato! Ésta ha sido mi opinión, y me gustaría saber la vuestra sobre el tema. ¡Nos vemos el próximo lunes con un nuevo Let's Talk! :D

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