13/7/15

He crecido

La foto es mía 
De pequeña tenía pocos libros, pero uno de ellos era Donde viven los monstruos. Se trataba de un ejemplar de papel grueso y amarillento, que olía raro y luchaba por mantener pegada una de sus páginas, que estaba a punto de despegarse del todo. Me gustaba olerlo, manosearlo y pasar las páginas con cuidado. Es extraño, porque mis padres no recuerdan que lo tuviera y yo no me acuerdo de tenerlo en la estantería. Creo que lo guardaba en un armario con mis juguetes, o puede que solo se trate de uno de esos recuerdos que al hacerte mayor no sabes si son verdaderos o no.

Y en eso estoy pensando ahora... ¿Sabes? No sé en qué momento me hice mayor. Sé que es un proceso, que son las experiencias las que te hacen madurar y blablabla, pero para mí siempre se ha tratado de un momento crucial, un momento que lo cambiaría todo y en el que dejaría a mi niña interior atrás, o al menos eso pensaba cuando todavía era esa niña. Pensaba que hacerse mayor era quedarse donde viven los monstruos y no ser como Max, que acaba echando de menos su casa y vuelve con su madre. Pensé, de verdad, que hacerse mayor era convertirse en La Reina de Todos los Monstruos —así, en mayúsculas—, hacer lo que quisiera cuando quisiera —rugir mis rugidos terribles, crujir mis dientes terribles, mover mis ojos terribles y mostrar mis garras terribles— sin un adulto detrás diciéndome que eso estaba mal. Hacer mi vida sin echar de menos ser una niña.

No. Crecer no es eso. Estaba TAN equivocaba que cada vez que lo recuerdo se me escapa una risita nerviosa. Porque crecer es entender que la niña era el monstruo —como los del cuento, que solo quieren jugar y bailar, que te quieren tanto que te comerían porque no entienden otra manera de querer— y la persona en la que se convierte —la adulta, yo— es Max cuando decide que quiere volver a casa. Crecer es ir donde viven los monstruos y después entender lo que allí no tienes. Lo que no entendí de pequeña es que la clave no está en la parte del cuento divertida en la que Max llega al lugar donde viven los monstruos, sino unas pocas páginas antes, cuando empieza a crecer un bosque en su habitación hasta que hay lianas colgando del techo y las paredes se convierten en el mundo entero. Llevo veinticuatro años esperando a que eso suceda, y sé que mis paredes —las mías y de nadie más— acabarán convirtiéndose en el mundo entero.

Y si algo he aprendido al crecer releyendo la historia de Max una y otra vez es que los monstruos viven dentro de nosotros mismos. Al principio es divertido dejarles salir o ir hasta donde viven y tener una fiesta monstruo, sin padres cuando eres pequeño y sin responsabilidades cuando creces. Pero lo importante no es tanto esconder esos monstruos, sino volver a casa cuando no queremos seguir jugando con ellos. 

¿Y sabéis lo mejor de volver a casa? Que la cena que dejamos antes de irnos todavía está caliente.

21 comentarios

  1. Qué bonito.

    Y qué ganas le tengo a este librito desde que vi la peli *o*

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  2. M'has fet plorar 😔. Preciós.

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  3. Esta entrada está muy bien escrita, a mí parecer. Aunque no entiendo las comparaciones del todo porque no he leído el libro ha sido una hermosa entrada.

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  4. Cada entrada reflexiva que escribes me gusta más que la anterior. Siempre me haces darle vueltas a la cabeza. Gracias y un saludo, Cris.

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  5. Me encantó tu reflexión por que es totalmente cierta! Cuando era pequeña solía creer crecer era algo que no me pasaría a mi, algo totalmente lejano... Ahora a los 24 me pregunto en que momento crecí y cuando la niña se quedo atrás!! Ser adulto apesta sometimes!!

    Saludos desde Puerto Rico!

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  6. Gran reflexión, me has hecho pensar, ¡gracias!

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  7. Amé demasiado la entrada, como cada cosa que escribes. Es mágica, gracias por compartirla!

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  8. Me ha encantado esta entrada de verdad, creo que cada cosa que escribes es mágica. Sigue así Cris, por favor.

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  9. Me encanta leerte. Tienes magia, Cris.

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  10. ¿Y sabes otro momento en que nos damos cuenta de que hemos crecido? Leyendo esas hisorias que nos apasionaron de pequeños, reviviendo las buenas sensaciones, haciendo hipótesis sobre el porqué nos sentíamos así y porqué lo recordamos tan bien que se quedó en nuestro corazón. Pero lo más importante es que sumando todo lo anterior, le damos una nueva valoración y en ese momento hemos crecido.

    Muy buena entrada. Un saludo :)

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  11. No se que decir, me ha encantado la entrada. Los libros que nos acompañan desde la niñez se vuelven algo muy especial para su lector. Sobre el tema no puedo decir demasiado, es decir, no me se me considera adulta y se que no lo soy así que...

    Un saludo!

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  12. Me ha encantado <3

    Crecer no es para nada lo que imaginabas de pequeño, lo pienso todos los años cada vez que crezco un poco más.

    Un beso!

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  13. Crecer es darte cuenta de que el barco en el que viajabas al país de los monstruos ya no es un barco en un mar de palabras sino un carruaje, y tú eras algo así como el príncipe que nunca quiso ser. Para la comida caliente no tengo respuesta, pero ojalá eso sea poesía desde el corazón latiendo con desenfreno por el viaje.
    Ojalá pueda ser.

    Es una reflexión bonita (la tuya).

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  14. Qué bonito. De pequeños imaginamos que ser mayor significa ser valiente e irse, vivir por la cuenta de uno mismo, y al final nos damos cuenta que a veces crecer implica no marcharnos sino quedarnos, convivir con aquello ( y aquellos) que tenemos, aprender a querer.
    ¡Besos!

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  15. Qué bonito todo.Para mí madurar es aprender a vivir con los monstruos y, puestos en el asunto, vencerlos

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  16. Muy linda entrada, siempre tienen ése "no se qué" especial los libros que nos acompañan desde la infancia ^.^ y es hermoso releerlos.
    "... Where is your heart is your treasure..."
    Re bonito libro, saludos Cris!!

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  17. Me has hecho llorar... no sé cómo explicarlo.
    Pero está bien.

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  18. ¡Hola! Tus reflexiones son tan bonitas y cuquis que no nos queda nada más que añadir. No hemos leído ese cuento pero cada vez que te oímos hablar de él más ganas nos entran de hacerlo.
    Un beso!
    Melani y Beatris

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