15/4/17

Desayuno en Júpiter (Andrea Tomé)

Hay algunos libros que adoro por diferentes razones: algunos me gustan por los personajes, otros por la estructura narrativa, otros por la narración. Otros, simplemente, porque me entretienen y la historia me gusta. Pero a veces, muy pocas veces, me encuentro con una novela que lo tiene todo para pasar a formar parte de mi lista de favoritos, y Desayuno en Júpiter lo ha conseguido, poco a poco y con buena letra.
Cuando Ofelia y Amoke se conocen, sus mundos parecen completamente contradictorios. Ofelia es el caos, la apasionada por la astronomía que ha suspendido la Selectividad y que pasa su año sabático en Gales con su padre, vendiendo mermelada orgánica, cazando liebres con su amigo Harlon y tratando de encontrar su propósito en la vida.
Amoke es el orden, una solitaria y responsable estudiante de Biología que pasa todo el tiempo que no está en la universidad cuidando de su hermano Tayo y leyendo libros de Charles Darwin. Lo único que Ofelia y Amoke tienen en común son Virginia Wonnacott (una excéntrica y ermitaña novelista de noventa y dos años), la Asociación Hiraeth (una peculiar ONG) y la sensación de no tener una vida completa.
Cuando Virginia Wonnacott le ofrece trabajo a Ofelia como su asistente personal, los mundos de estas dos chicas se juntan. Mediante discusiones, libros de segunda mano, cartas y WhatsApps de madrugada, Ofelia y Amoke se entrelazan en un viaje para encontrar un futuro que no sabían que existía y descubrir los sentimientos de la una hacia la otra.
Empecé a querer a Amoke y a Ofelia sin darme cuenta, casi sin querer. Las dos protagonistas se alternan la narración y el cambio de narrador no te saca en ningún momento de la historia, sino que le confiere un ritmo que contrasta con la lentitud (y no lo digo de manera negativa, sino todo lo contrario) de la historia y la evolución de los personajes y sus historias. Ofelia es dulce, valiente y divertida, y habla sin parar aunque ella siente que no dice nada importante. Amoke, en cambio, es tímida, calmada y le cuesta hablar con la gente, por lo que prefiere escribir. Se encuentran la una a la otra en el lugar y el momento perfecto, destinadas (si uno cree en el destino) a hacerse amigas y convertirse en el lugar seguro de la otra, dando pie, poco a poco y de una manera tan tierna y de verdad, a algo más.

Pero también quiero hablaros de los otros personajes. Harlon, con sus secretos, sus liebres y sus miedos, que se ha convertido, creo, en mi personaje favorito de la novela. La señora Wonnacott, una escritora a las puertas de la muerte que decide contratar a Ofelia para escribir su biografía, que ha sido, quizás, la parte de la narración que más especial me ha parecido y que más me ha emocionado. También pienso en Lisandro y su sentido del humor, en Tayo y su fortaleza, en Jimmy Race y su sonrisa, que tan poco me cuesta imaginar.
Ojalá existiese una palabra que definiese la certeza de que tu alma y tus huesos están hechos de magia, noche y libertad.
Desayuno en Júpiter no solo me ha sorprendido, sino que se ha quedado en mi corazón por muchas razones. Sigo pensando en los personajes, en todo lo que se dice entre líneas, en todo el mundo que se crea alrededor de la historia, que es todo tan orgánico y nada sobra, todo importa, y que incluso tiene colores en mi cabeza. He aprendido tantas cosas, y me ha hecho pensar en tantas otras, que solo puedo agradecerle a Andrea por su talento y su valentía. Si os fiáis un poquito de mí, dadle una oportunidad a esta novela. Es tan especial... Ay. Tenéis que conocer a estos personajes y dejaros llevar.

5/2/17

Me he comprado una planta de plástico


Se llama Katharine. Por Katharine Hepburn, uno de los amores de mi vida aunque yo lo confundiera con admiración en su momento. En fin, las cosas de la vida, que de pronto te das cuenta de algo y todo cambia.

Pero a lo que iba. Me he comprado una planta. Es de plástico porque las de verdad se me mueren. Se me da genial cuidar de niños: en el trabajo les enseño inglés y juego con ellos, y cuido de los más pequeñitos, cambiándoles y asegurándome de que están bien. Pero es que las plantas no lloran, ni sonríen, y acabo olvidándome de cuidar de ellas. Por eso Katharine es de plástico.

¿Y a qué venía todo esto? Se me va la cabeza... Ah, sí, espera, ya me acuerdo. Que estoy triste. Por cosas mías, tampoco las voy a contar por aquí o por ningún sitio, pero no lo estoy pasando bien. Lo bueno es que ya empiezo a estar triste solo a ratos, y cada vez es menos difícil encontrar cosas por las que estar bien, sonreír o bailar. Por ejemplo, el otro día fui a ver La La Land, y ayer volví a verla, y hacía muchísimo que no era tan feliz en una sala de cine. La primera vez salí destrozada, pero la segunda salí tarareando y queriendo bailar a la salida. Y es que no todos los días ves la que se convierte en tu película favorita, por varios motivos, pero ahí está.

Me estoy reconciliando con Internet poco a poco. Empezaremos por este rinconcito, que tengo abandonado y que al parecer ya casi nadie lee, pero eso no es motivo para dejar de escribir. Porque Palabritas es, principalmente, para mí. Y si alguien quiere leer y comentar, adelante, pero si nadie lo hace... Es una pena, pero yo voy a seguir. Porque es mío, y para eso está. 

¿Y qué más? Ay, eso, que se me olvidaba. Que estoy en una de esas épocas en las que me conozco tan poco que no me apetece hacer cosas que llevaba mucho planeando con emoción. Como ver a mis amigos, o escribir, o empezar proyectos nuevos. Y es que no me gusta que la gente me vea así, y prefiero dejar que pase el tiempo hasta poder estar un poco mejor. ¿Tiene sentido? No lo sé. Ah, y llevo desde finales de 2016 leyendo únicamente novelas de Nora Roberts porque es lo único que me apetece en este momento, y no voy a obligarme a hacer otra cosa porque eso sería tratarme mal, y eso no voy a hacerlo más. Si necesito finales felices, eso buscaré. Y si la Roberts me los da, bienvenida sea.

Y vosotros, ¿cómo lleváis el 2017? Mi cabeza sigue en el 2015 y cuando me preguntan cuántos años tengo me sigue saliendo 20 en vez de 25, pero supongo que eso se arreglará cuando pasen unos meses más.
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