7/9/16

Amelia y Daniel (tercera parte)

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AMELIA

El corazón le latía a mil por hora. Se quedó varios segundos de pie en la puerta del restaurante, viendo cómo la gente pasaba frente a ella en ambas direcciones. Sabía hacia dónde tenía que ir para coger el metro y volver a casa, pero por alguna extraña razón sentía que no podía irse todavía.

Así que hizo lo único que la ayudaba a pensar: caminar.

Sin pensarlo giró a la izquierda. El metro quedaba al final de la calle si giraba hacia la derecha, así que lo mejor sería alejarse tanto como pudiera del camino de vuelta a casa. La calle todavía estaba mojada. Había llovido durante toda la tarde sin parar, limpiando la ciudad en más de una manera. A Amelia le encantaba aquella sensación de después de llover durante horas. El olor, los colores, las luces reflejadas en las calles mojadas y el ambiente renovado. La calma después de la tormenta, que solían decir.

Siguió caminando por la calle estrecha y escondida en la que se encontraba el restaurante, en el barrio gótico de Barcelona. Se quedó quieta de nuevo al llegar al final de la calle, que daba a las Ramblas. El ambiente allí era completamente diferente, con mucha más gente paseando. Siempre le sorprendía cómo podían existir tantas Barcelonas diferentes, y que para pasar de una a otra solo tenías que cruzar la calle.

Como todavía no sabía muy bien qué hacer a aquellas horas, sacó el móvil del bolso. Tenía varios mensajes de Andrea.

21:08 -no vas a hablarme más? en serio estás cabreada?
21:09 - déjate de tonterías y contéstame las llamadas, por favor
21:11 - podrías comportarte como una adulta por una vez en tu vida

Amelia bufó, molesta y dolida, y lanzó el móvil al fondo del bolso sin responder al mensaje. ¿Quién se creía que era para hablarle así? Habían sido amigas durante los últimos tres años, la había ayudado en infinidad de ocasiones, incluso cuando no se lo merecía, ¿y qué hacía Andrea? Esperar que Amelia lo siguiera haciendo mientras ella no hacía absolutamente nada.

Justo cuando iba a cruzar hacia las Ramblas, sintió una mano cerrarse alrededor de su codo con cuidado pero con determinación. Se dio la vuelta con el susto en el cuerpo, pero no fue capaz de decir nada al ver allí a Daniel, con la mano todavía en su brazo. La soltó cuando conectó su mirada con la de Amelia.

—¿Me he dejado algo? —preguntó, preocupada. Era un poco desastre y siempre se olvidaba de coger la bufanda o cualquier otra cosa.

—Quería disculparme. No me he portado bien contigo.

Amelia, nerviosa y sin saber muy bien qué responder, se colocó bien el bolso.

—No te preocupes. Es normal que reaccionaras así, lo entiendo.

—¿Te ha pedido que vengas? Andrea, quiero decir, ¿te ha mandado ella?

Con un suspiro, Amelia negó suavemente con la cabeza.

—No pensaba venir, ya te lo he dicho. Me sentía mal y pensé que sería buena idea venir y decírtelo, para que no te preocuparas por ella al no aparecer.

Daniel miró al suelo, pensativo. Parecía nervioso y tan confundido que Amelia sintió una ternura que no esperaba.

—Oye, ¿estás bien? —dijo, preocupada. Daniel la miró de nuevo pero no respondió—. Siento que haya pasado esto, y no sé si haber venido lo ha hecho todo peor, pero no era mi intención. Es que pensé que sería mejor que al menos tuvieras una razón. Mejor una decepción que tener que lidiar con la incertidumbre, ¿no?

La sonrisa sincera de Daniel la sorprendió. Siempre se fijaba en los pequeños detalles de las personas, y ver sonreír a alguien de manera tan espontánea y sincera era algo de lo que pocas veces podía disfrutar. Casi sin querer, le devolvió la sonrisa.

—¿Quieres…? —Amelia alzó las cejas, esperando el resto de la pregunta—. ¿Quieres dar una vuelta? Ya que has venido hasta aquí. ¿Te apetece?

Tenía que decir que no. El chico que tenía frente a ella, con las manos en los bolsillos del abrigo y una sonrisa nerviosa en el rostro había quedado con su amiga, no con ella. Seguramente sólo quería una distracción para olvidar el plantón y la decepción de Andrea. Lo más sensato era disculparse y volver a casa.

Pero a veces, sólo a veces, la boca va más rápido que la cabeza y todo cambia sin que podamos hacer nada. Así que Amelia habló, y lo hizo rápido.

—Vale. ¿Izquierda o derecha?

—Tú mandas.
Ésta es la tercera parte de una historia corta que empecé a escribir tras terminar de ver uno de los capítulos de Cites, la serie emitida por TV3 y que se ha convertido en una de mis favoritas. No es nada especial, no buscaba nada, solo practicar un poco y jugar con los personajes y la situación, a ver qué salía. Espero vuestra sincera opinión. Podéis leerlo todo aquí ✍🏻

3/9/16

Amelia y Daniel (segunda parte)

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DANIEL 

Es curioso cómo cambian las cosas. Así, sin más, una noche puede convertirse en algo completamente inesperado. La cita que llevas semanas esperando puede pasar a ser, sin que te des cuenta, un momento incómodo con una completa desconocida que parece no saber qué decir. 

Mientras miraba a aquella chica sentarse frente a él, Daniel pensó que tampoco conocía tan bien a Andrea. Habían hablado sin parar durante días, pero en aquel preciso instante sintió que para él era tan desconocida como la chica que lo miraba nerviosa. Amelia, había dicho que se llamaba. Estaba deseando escuchar lo que tenía que decirle. 

—¿Y entonces? —preguntó con voz tranquila. No quería sonar desesperado por saber qué había pasado con Andrea, aunque se debatía en silencio entre sentirse humillado o preocupado. 

Amelia carraspeó y rápidamente apartó la mirada para girarse en busca de la camarera que le había servido una cerveza poco después de llegar al restaurante. Daniel vio con impaciencia cómo la chica se acercaba la mesa, escuchaba lo que Amelia quería beber y se alejaba de nuevo. Su mirada volvió a los ojos de ella, esperando una respuesta. 

—Andrea no pensaba venir. Me lo dijo hace dos días. 

Daniel se la quedó mirando, atónito. No esperaba aquella respuesta. A decir verdad, no sabía muy bien qué esperaba, pero no era aquello. 

—¿Dos días? Hace dos días hablamos y no me dijo nada. 

—Eso no lo sé… Solo me dijo que no iba a venir y que no iba a decirte nada. Que… —Amelia suspiró y tragó, claramente nerviosa—. Que no podía hacerlo. No sé nada más. Lo siento. 

Sin saber muy bien qué decir, Daniel cogió la cerveza y dio un trago largo, dándose unos minutos para pensar. Algo seguía sin cuadrar, pero no sabía decir qué era. Estaba claro que apenas conocía a Andrea, pero para eso habían decidido dar el paso de verse en persona, ¿no? Para conocerse. 

—¿Y por qué no me lo dijo? 

—Oye, eso no lo sé… Yo solo he venido a avisarte de que no iba a venir, nada más. 

De pronto se sintió mal por ella. Al principio la había tratado no muy bien, desconfiando completamente de ella, con un tono nada propio de él. Y ahora se la veía nerviosa y agobiada, sin saber muy bien cómo comportarse o qué hacer a continuación. 

La camarera volvió a la mesa y depositó con cuidado un vaso grande de agua con hielo. Daniel lo miró con las cejas alzadas y subió poco a poco hasta toparse de nuevo con los ojos de Amelia. 

—Es que el frío me ayuda a relajarme. 

¿Por qué estaba tan nerviosa? 

—¿En pleno diciembre? 

—Siempre, en realidad. 

Daniel quiso seguir con las preguntas, pero justo entonces llegó la camarera. 

—¿Listos para cenar? 

Confundida, Amelia pasó la mirada de la camarera a Daniel, varias veces, con la boca entreabierta y la duda en sus ojos. 

—Eh… No, gracias, yo ya me iba. —Le dio una mirada de disculpa a la camarera y se puso de pie para ponerse el abrigo con prisa, torpemente—. Siento todo esto, sé que no ha sido lo que esperabas. 

—Oye, espera, no te vayas así. 

—Es que tengo que irme, de verdad, me he quedado más tiempo de lo que planeaba. 

Amelia se colgó el bolso al hombro, inspiró hondo y le sonrió con tristeza. 

—Siento lo de Andrea, y… Suerte. Encantada de conocerte. 

Daniel quiso decirle algo más para que no se diera la vuelta y saliese del restaurante, pero cuando consiguió unir el coraje suficiente, la puerta se cerró tras ella y volvió a quedarse allí sentado. Solo.
Ésta es la segunda parte de una historia corta que empecé a escribir tras terminar de ver uno de los capítulos de Cites, la serie emitida por TV3 y que se ha convertido en una de mis favoritas. Tengo escritas más partes, pero no tiene final. No es nada especial, no buscaba nada, solo practicar un poco  y jugar con los personajes y la situación, a ver qué salía. Espero vuestra sincera opinión. Podéis leerlo todo aquí ✍🏻
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